Algunas iglesias se parecen a aquel hombre que encontró petróleo en su propiedad y montó todo lo necesario para extraerlo y refinarlo.
El mostraba orgulloso a todos sus amigos y vecinos las excelentes instalaciones que había montado. De todos recibió siempre palabras de elogio por la buena organización e instalación de que disponía. Pero un visitante perspicaz le preguntó que dónde estaban los camiones para llevar al exterior y vender los productos que allí se extraían y procesaban. El propietarío, sín sonrojarse en lo más mínimo, le ínformó que ellos no vendían nada. Consumían todo el petróleo que extraían y refinaban en conservar funcionando las magnificas instalaciones.
Así, muchas congregaciones consumen todas sus energías en lograr que su maquinaria interna funcione. No les queda nada para los de afuera.





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