Cuando en el oriente los artesanos hacen sus bellísimos tapices, colocan la tela en el telar y proceden a trazar un diseño. Después empiezan a trabajar entretejiendo hilos de distintos colores.
Alguien que esté mirando la obra por la cara opuesta de donde trabaja el artesano, sólo verá una masa confusa de nudos e hilos que se cruzan que no indican para nada que allí se esté haciendo algo que tenga diseño y belleza.
Cuando se termina el tapiz y se mira desde la cara del artesano, se ve claramente la gran idea que él tenía en su mente y se percibe toda su armonía y belleza. Nosotros generalmente vemos la vída por la cara opuesta y nos parece que es una masa enorme de confusión inexplicable, de contradicciones y errores increíbles. Cuando Dios termina su obra en cada uno de nosotros, el boceto que el Señor tenía en mente aparece como obra de arte que es perfecta.





Deja un comentario